Quisiera abrir esta nota literaria diciendo que Alejandra Pizarnik es una de mis poetisas favoritas, no solo por el lenguaje poético manifiesto en su obra, sino porque realmente su vida es digna de merecer un profundo silencio de desconsuelo.
Sus vivencias estuvieron cubiertas de una densa niebla y ella ha llorado muchas de las líneas de su poesía. Sus obras son un diario abierto para conocer el profundo encierro existencial que la ha resguardado, haciéndola una esclava del poder indisoluto de la tristeza.
Este paseo iluminado por el alma de Alejandra es capaz de hacernos reflexionar sobre el sentido de nuestra propia vida, porque va sellando un capítulo que nos compete a todos, ya que todos de alguna manera hemos bebido del trago amargo del sufrimiento y porque siempre está próxima a nosotros una catarsis, así como la palabra lo fue para Alejandra.
Dice Gustavo Martínez González:
“La poética de Pizarnik ocupa un lugar de relevancia en el ámbito literario; suele señalarse en su obra una densa oscuridad que atrapa luces como relámpagos en la tormenta del alma. No tiene imitadores, pues su estilo resulta inalcanzable en su vertiente ominosa. La exacerbación del aire fatalista de sus textos con el ingrediente anecdótico de la propia muerte ha inducido en críticos destacados opiniones como: estamos ante la escritura de una predestinada; atestiguamos la obra maestra de alguien desorganizado por la locura; presenciamos la apuesta estética de una autora inmersa en la experiencia mortuoria. Tesis aventureras que juzgan al ser de acuerdo a sus hechos lingüísticos, en la más silvestre de las interpretaciones psicoanalíticas.”
MARTINEZ GONZÁLEZ Gustavo. Alejandra Pizarnik. Leyenda de una vida tras de sus obras.
[En línea] Disponible en: http://cvc.cervantes.es/actcult/pizarnik/acerca/martinez.htm [Fecha de acceso: 3 de agosto de 2007]
[En línea] Disponible en: http://cvc.cervantes.es/actcult/pizarnik/acerca/martinez.htm [Fecha de acceso: 3 de agosto de 2007]
El aire fatalista del que nos habla Gustavo González empapará toda la poesía de Alejandra Pizarnik, esa intuición de muerte que finalmente tomará cuerpo en su propia vida, ya que enfrentó el suicidio por vía de la sobredosis de medicamentos el 25 septiembre de 1972.
Alejandra Pizarnik se libera, en su poesía y su vida, cuando elige el suicidio como salida de elección. Ella misma había afirmado en un ensayo sobre Antonin Artaud, al citar a Hölderlin, que la poesía era un juego peligroso y que contaba ya con sus víctimas: el suicidio del mismo Artaud, el silencio de Rimbaud, el sufrimiento de Baudelaire. Para Pizarnik poesía y vida se identificaban.
Como aseguraba de estos poetas, todos tenían en común el haber querido anular la distancia que la sociedad obliga a establecer entre vida y poesía. Pero la fusión de ambas —la fusión sujeto-objeto— si bien lleva a la plenitud buscada, lleva también al silencio. Ya no hay necesidad alguna de aludir, de expresar: todo es.
Enrique Molina, que tanto y tan bien la conocía, escribió sobre ella que “no tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar”.
Biografía Poética de Alejandra Pizarnik [en línea] Disponible en: http://sololiteratura.com/piz/pizsemblanza.htm [Fecha de acceso 4 de agosto de 2007]
Por esta y por otras razones Pizarnik es considerada una poetisa oscura y sincera con la realidad que enfrenta. La palabra fue para Alejandra solo un pretexto para ir estampando la confesión sincera del yo. Un quebranto incesante por la vida, y una inresignación enigmática que la oscurecieron del deseo de vivir y superar los problemas que enfrentó.
Quisiera rescatar el poema “El infierno musical”, ya que creo confirmará éstas características que parodian el aire fatalista de su poesía. Un poema en cierta manera icónico al de toda su lírica.
Mi intención será acercar el poema mediante el desglose temático de las isotopías. En el orden semántico buscaré explicar la connotación que asumen las palabras y por sobretodo valorar su obra, a la par que abrigo una profunda llenura en la que me colma el poema, debido a su calidad espiritual y al manejo magistral del idioma.
Cito;
Como aseguraba de estos poetas, todos tenían en común el haber querido anular la distancia que la sociedad obliga a establecer entre vida y poesía. Pero la fusión de ambas —la fusión sujeto-objeto— si bien lleva a la plenitud buscada, lleva también al silencio. Ya no hay necesidad alguna de aludir, de expresar: todo es.
Enrique Molina, que tanto y tan bien la conocía, escribió sobre ella que “no tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar”.
Biografía Poética de Alejandra Pizarnik [en línea] Disponible en: http://sololiteratura.com/piz/pizsemblanza.htm [Fecha de acceso 4 de agosto de 2007]
Por esta y por otras razones Pizarnik es considerada una poetisa oscura y sincera con la realidad que enfrenta. La palabra fue para Alejandra solo un pretexto para ir estampando la confesión sincera del yo. Un quebranto incesante por la vida, y una inresignación enigmática que la oscurecieron del deseo de vivir y superar los problemas que enfrentó.
Quisiera rescatar el poema “El infierno musical”, ya que creo confirmará éstas características que parodian el aire fatalista de su poesía. Un poema en cierta manera icónico al de toda su lírica.
Mi intención será acercar el poema mediante el desglose temático de las isotopías. En el orden semántico buscaré explicar la connotación que asumen las palabras y por sobretodo valorar su obra, a la par que abrigo una profunda llenura en la que me colma el poema, debido a su calidad espiritual y al manejo magistral del idioma.
Cito;
EL INFIERNO MUSICAL
Golpean como soles.
Nada se acopla con nada aquí.
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas.
La cantidad de fragmentos me desgarra
Impuro diálogo
Un proyectarse desesperado de la materia verbal.
Liberada a si misma.
Naufragando en si misma.
Notemos el título del poema, lo primero que resalta es la palabra infierno. El infierno es un lugar donde se sacuden las almas en eterno sufrimiento. Las almas luchan por una redención imposible, ya que estar en ese lugar es una condena irredenta de las faltas y los pecados. Así también, Alejandra se siente como una condenada, una presa que no halla la salvación de su mal, y que sufre por todo cuanto está viviendo en su vida. La palabra musical puede decirnos muchas cosas; primeramente, puede hacer alusión a la palabra (el lenguaje), enunciada con la musicalidad de los versos, o bien puede significar que ese llanto infernal que es como una eterna música de dolor y de padecimiento.
Recordemos también que el Infierno musical nos remite a la escena de una obra pictórica denominada “El jardín de las delicias” creada por el pintor “El Bosco”, donde todo este universo músico-instrumental se asocia de manera simbólica con los condenados por lascivia.
Cito un comentario sobre la obra del Bosco;
“Una de las escenas más enigmáticas y sugerentes de la obra, aparece en la parte inferior: el infierno musical. En éste, instrumentos musicales gigantescos se transforman en torturadores de los condenados. Podemos contemplar unos condenados crucificados, cual Cristo y el mal ladrón, en las cuerdas del aspa y en el mástil del laúd, u otro sodomizado por una flauta, portando otra como la cruz a cuestas.
En esta escena quiere verse una condena de la música profana, a la que se asociaba frecuentemente a la lascivia”
[En línea]Disponible en: http://olmo.pntic.mec.es/~jgarci52/inf_mus.htm [Fecha de acceso: 4 de agosto de 2007]
Me abro a pensar que Alejandra pudo haberse basado en esta obra para titular su poema, de todas maneras la coincidencia desde el plano simbólico coincide perfectamente, pues ambas se tocan en el sentido de la condenación y el juicio irredento de las almas.
Golpean como soles.
El sol es el símbolo perfecto del calor; se asocia isotópicamente a la idea del infierno. El calor representa el malestar originado por los padecimientos de dolor. Cuando se potencia su ardor nos quema, nos daña; así también para ella estos dolores son como golpes que la van martirizando. El martirio de un ambiente que se presta como tal, un infierno absorto de lamentos y culpas, desde donde ya no se puede hallar salida, y donde el pan diario es el quebranto.
Nada se acopla con nada aquí.
¿Cómo sería vivir en el infierno? Me pregunto cuando leo este verso. En el infierno el fuego acapara todo el ambiente, las cosas no se acoplan simplemente porque no existen, las ascuas quemantes envuelven la vida y el encuentro de cualquier material físico es naturalmente inflamable. Todo a su paso es destrucción y solo existe la nada, pues lo único que vive es el fuego.
Nada se acopla con nada aquí.
¿Cómo sería vivir en el infierno? Me pregunto cuando leo este verso. En el infierno el fuego acapara todo el ambiente, las cosas no se acoplan simplemente porque no existen, las ascuas quemantes envuelven la vida y el encuentro de cualquier material físico es naturalmente inflamable. Todo a su paso es destrucción y solo existe la nada, pues lo único que vive es el fuego.
El sentir del poema refleja la degradación de los sentimientos, que se ven avasallados por el dolor y que mueren inundados por un profundo pesimismo, como si se redujeran a cenizas por la acción de esta quemante fuerza.
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria
Los animales muertos personifican las fuerzas indómitas que nos agobian, ellos tienen instintos y la racionalidad está ajena a su pensamiento. Así también nuestra mente tiene un instinto de conservación pues logra defenderse con la nulidad de pensamientos. Hay un momento en que ella solo hace catarsis cuando se abstiene de pensar en aquello que tanto la agobia. El cementerio es el campo del silencio (su mente) invadida por la paz. La misma paz que serena las almas del camposanto cuando finalmente están aliviadas por causa de la muerte.
Los huesos son los vestigios de las experiencias pasadas, aquellas que nunca se olvidan, sobretodo si se han sellado con dolor y pesadumbre, son filosas porque siempre clavan dentro de nuestra memoria cuando aparece un nuevo dolor, y es necesario encontrar una solución pasada que ha servido antes. La fuerza del recuerdo es punzante y acomete con reminiscencias de aquellos momentos congelados en la piel de la memoria. Momentos que no se borran y que permanecen intactos, para encenderse nuevamente cuando aparece la nostalgia. La memoria representa el vasto universo de la mente, los pensamientos que la invaden y la asfixian en muchos sentires. La lugubridad del ambiente contextúa el tono trágico del poema que se empapa lentamente de la desolación.
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas.
En este verso Alejandra Pizarnik menciona la palabra monjas. Entender porque utiliza esta palabra nos remite a pensar como las monjas viven y piensan. Ellas son mujeres consagradas a un hábito estricto de convivencia con Dios y están constantemente purificando sus almas, tienen una comunión más íntima con él. La voz de la prudencia y de la sensatez se desarrolla con más ahínco, producto de la santidad a la que llegan cuando están apartadas para Dios. Estas fuerzas de sensatez y verdad son las mismas que por momentos le devuelven la razón a Alejandra, son tal vez aquellas que le dicen comportarse y seguir el camino adelante más allá de la angustia. Representan el peso de una amonestación interna, que la llevan necesariamente al hábito de la catarsis.
La cantidad de fragmentos me desgarra
Siguiendo la misma relación de isotopías aparece la palabra fragmentos, esta palabra nos expresa el profundo desarraigo de su mundo interior, como si estuviese trastocada en todas sus fuerzas. Ella se halla marginada, desvirginada en toda razón. No hay indicio de esperanza. Los fragmentos simbolizan los dolores, la carga de las penas que le sacuden todo el espíritu. Este sentimiento la manipula, le toca sus ondas debilidades y le hacen sacar lágrimas
Impuro diálogo
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas.
En este verso Alejandra Pizarnik menciona la palabra monjas. Entender porque utiliza esta palabra nos remite a pensar como las monjas viven y piensan. Ellas son mujeres consagradas a un hábito estricto de convivencia con Dios y están constantemente purificando sus almas, tienen una comunión más íntima con él. La voz de la prudencia y de la sensatez se desarrolla con más ahínco, producto de la santidad a la que llegan cuando están apartadas para Dios. Estas fuerzas de sensatez y verdad son las mismas que por momentos le devuelven la razón a Alejandra, son tal vez aquellas que le dicen comportarse y seguir el camino adelante más allá de la angustia. Representan el peso de una amonestación interna, que la llevan necesariamente al hábito de la catarsis.
La cantidad de fragmentos me desgarra
Siguiendo la misma relación de isotopías aparece la palabra fragmentos, esta palabra nos expresa el profundo desarraigo de su mundo interior, como si estuviese trastocada en todas sus fuerzas. Ella se halla marginada, desvirginada en toda razón. No hay indicio de esperanza. Los fragmentos simbolizan los dolores, la carga de las penas que le sacuden todo el espíritu. Este sentimiento la manipula, le toca sus ondas debilidades y le hacen sacar lágrimas
Impuro diálogo
Impuro diálogo es la eterna conversación con el yo, allí donde Alejandra hace emerger sus dudas, reniegos y sufrimientos. Es el nivel más puro de sinceridad porque no se presta fingimientos y manipulación. Solo ella es confidente de sus padecimientos. Medita conturbada con la razón que la quebranta.
Un proyectarse desesperado de la materia verbal.
Este proyectarse que Alejandra muestra en su poema nos devuelve finalmente a la palabra. Solamente la palabra es la única forma de escape que ella tiene para desparramar sus sufrimientos. Le urgen porque sabe que le son como un baúl donde va guardando sus sentires. Hay una plena mixtura de la vida y las palabras, la materia verbal que se hace carne viva para tocarla y resucitar sus vivencias. La materia se palpa, las palabras se tocan y se abrazan, son un camino direccional del pensamiento.
Liberada a si misma.
Este verso permite ver que las palabras nos hacen libres. Para Alejandra las palabras se liberan, y la liberan a ella de su esclavitud se sentimientos. Ellas expresan vitalmente todo cuanto se sucede en la atmósfera de sus vivencias.
Naufragando en si misma.
Naufragan en si mismas porque se aquietan en el momento ideal, justo cuando ella las está buscando para su catarsis. Es como la inspiración que siempre anda esfumándose, pero que en un momento dado la cazamos, porque hay algo que la provoca. Es allí cuando ellas reivindican mejor nuestro temperamento artístico, nuestro sufrimiento y nuestra percepción de la vida.
A través de este paseo por el Infierno musical vemos por sobretodo una poetisa comprometida lealmente con la vida, su fuerza lírica es solo una excusa para derrochar su poder de comunicar con la materia verbal sus sentires. Yo la valoro, comprendo su sentir y me siento unida a su dolor, por esto y mucho más creo que nuestra capacidad crítica no se debe tan solo limitar a la observación técnica de un escrito, sino que debe ahondar más allá de las líneas para leer también la vida y los pensamientos de quien los escribe. Mis aplausos para Alejandra.
Bibliografía
• POZUELO YVANCOS. José. Teoría de Lenguaje literario. Madrid. Editorial Cátedra, 2003.
• Pizarnik, Alejandra. El infierno musical Edición Digital pdf.


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